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lunes, 10 de mayo de 2010

Sueños

Estaba sentado en la mesa, rodeado de un mar de apuntes sin sentido, tratando de poner algo de orden a aquel caos. El ordenador estaba encendido, y la luz de la pantalla y el zumbido de la torre empezaban a hacer mella, provocándole dolor de cabeza y fatiga. Ya era muy tarde, pero a pesar de que se le cerraban los ojos de sueño, seguía estudiando, por remordimiento de conciencia o por cabezonería.
Con las manos sosteniendo su cabeza y los codos clavados a la mesa, volvió a fijar la vista en las hojas de papel, cuyas líneas se deslizaban y bailaban en su mente, cada vez más desordenadas...

Una voz le sacó de su ensimismamiento. Dio un ligero respingo en la silla, como movido por un resorte. Alguien había pronunciado su nombre. Se dio la vuelta y oteó en la oscuridad, le costaba mucho ver, puesto que la única luz era la de su lámpara, pero después de unos segundos le vio. Una figura en el pasillo, apenas una silueta negra en la cual se dibujaban algunas facciones gracias a la luz. La sombra avanzó y cobró nitidez, un chico delgado y rubio. Al reconocerlo, el chico que estaba estudiando saltó de la silla. Era él... la única persona a la que quería ver, y a quien más necesitaba.
Cruzó la habitación de una zancada y lo estrechó en sus brazos, besándole en la frente, la mejilla, la boca.

-Cómo necesitaba verte -dijo.
-Es muy tarde, ¿no crees? -respondió el otro chico- deberías irte a la cama.
Ambos se acostaron sobre el colchón, sin quitar siquiera la colcha.
-Debo de estarlo ya, esto es un sueño... -una sonrisa gatuna cruzó en rostro del chico rubio- ¿verdad?

De repente sintió un cosquilleo en la mejilla, muy cerca de la nariz. Se movió un poco, pero segundos después las cosquillas volvieron, acompañados de un suave ronroneo. Abrió los ojos y vio al gato, que se había subido a la cama en busca de mimos. Se incorporó, buscando con la mirada al chico rubio, pero no había nadie más en la habitación. Debió de ser un sueño.
Se preguntó entonces cuándo se acostó en la cama, y fue hacia la mesa para ordenar los apuntes antes de volverse a acostar. Pero en la mesa no había nada. los apuntes estaban ya guardados en la mochila.

"No recuerdo haberlos guardado" dijo para sus adentros "¿Habrá sido también un sueño...? Bueno, más bien una pesadilla..."

De nuevo una voz volvió a llamar su atención. Con gran sorpresa vio de nuevo al chico rubio en el marco de la puerta, y de nuevo, sin pararse a pensar, echó sus brazos a él, le besó, y ambos se metieron en la cama.

-No entiendo nada, ¿sabes?, ya no sé cuándo estoy despierto ni cuándo soñando.
-Qué más da -respondió el chico rubio- mientras estemos juntos.

De nuevo se besaron, y despiertos o en sueños, pasaron el resto de la noche juntos.




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