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domingo, 23 de mayo de 2010

La mochila y el currículum (Arturo Pérez-Reverte)

Llueve a ratos, y Madrid está frío y desapacible. Pasan paraguas al otro lado del escaparate de la librería de mi amigo Antonio Méndez, el librero de la calle Mayor. Estamos allí de charla, fumando un pitillo rodeados de libros mientras Alberto, el empleado flaco, alto y tranquilo, que no ha leído una novela mía en su vida ni piensa hacerlo -«ni falta que me hace», suele gruñirme el cabrón- ordena las últimas novedades. En ésas entra un chico joven con una mochila a la espalda, y se queda un poco aparte, el aire tímido, esperando a que Antonio y yo hagamos una pausa en la conversación. Al fin, en voz muy baja, le pregunta a Antonio si puede dejarle un currículum. Claro, responde el librero. Déjamelo. Y entonces el chico saca de la mochila un mazo de folios, cada uno con su foto de carné grapada, y le entrega uno. Muchas gracias, murmura, con la misma timidez de antes. Si alguna vez tiene trabajo para mí, empieza a decir. Luego se calla. Sonríe un poco, lo mete todo de nuevo en la mochila y sale a la calle, bajo la lluvia. Antonio me mira, grave. Vienen por docenas, dice. Chicos y chicas jóvenes. Cada uno con su currículum. Y no puedes imaginarte de qué nivel. Licenciados en esto y aquello, cursos en el extranjero, idiomas. Y ya ves. Hay que joderse.

Le cojo el folio de la mano. Fulano de Tal, nacido en 1976. Licenciado en Historia, cursos de esto y lo otro en París y en Italia. Tres idiomas. Lugares, empresas, fechas. Cuento hasta siete trabajos basura, de ésos de tres o seis meses y luego a la calle. Miro la foto de carnet: un apunte de sonrisa, mirada confiada, tal vez de esperanza. Luego echo un vistazo al otro lado del escaparate, pero el joven ha desaparecido ya entre los paraguas, bajo la lluvia. Estará, supongo, entrando en otras tiendas, en otras librerías o en donde sea, sacando su conmovedor currículum de la mochila. Le devuelvo el papel a Antonio, que se encoge de hombros, impotente, y lo guarda en un cajón. Él mismo tuvo que despedir hace poco a un empleado, incapaz de pagar dos sueldos tal y como está el patio. Antes de que cierre el cajón, alcanzo a ver más fotos de carnet grapadas a folios: chicos y chicas jóvenes con la misma mirada y la misma sonrisa a punto de borrárseles de la boca.

España va bien y todo eso, me digo. La puta España. De pronto la tristeza se me desliza dentro como gotas frías, y el día se vuelve más desapacible y gris. Qué estamos haciendo con ellos, Maldita sea. Con estos chicos. Antonio me mira y enciende otro cigarrillo. Sé que piensa lo mismo. En qué estamos convirtiendo a todos esos jóvenes de la mochila, que tras la ilusión de unos estudios y una carrera, tras los sueños y el esfuerzo, se ven recorriendo la calle repartiendo currículum en los que dejan los últimos restos de esperanza Licenciados en Historia o en lo que sea, ocho años de EGB, cinco de formación profesional, cursos, sacrificios personales y familiares para aprender idiomas en academias que quiebran y te dejan tirado tras pagar la matrícula. Indefensión, trampas, ratoneras sin salida, empresarios sin escrúpulos que te exprimen antes de devolverte a la calle, políticos que miran hacia otro lado o lo adornan de bonito, sindicatos con más demagogia y apoltronamiento que vergüenza. Trabajos basura, desempleos basura, currículums basura. Y cuando el milagro se produce, es con la exigencia de que estés dispuesto a todo: puta de taller, puta de empresa, boca cerrada para sobrevivir hasta que te echen; y si tienes buen culo, a ser posible, deja que el jefe te lo sobe. Aún así, chaval, chavala, tienes que dar las gracias por los cambios de turno arbitrarios, los fines de semana trabajados, las seiscientas horas extras al año de las que sólo ochenta figuran como tales en la nómina. Y si encima pretendes mantener una familia y pagar un piso date con un canto en los dientes de que no te sodomicen gratis. Flexibilidad laboral, lo llaman Y gracias a la flexibilidad de los cojones se han generado, dice el portavoz gubernamental de turno tropecientos mil empleos más, y somos luz y fan de Europa. Guau. Gracias a eso, también, un chaval de veintipocos años puede disfrutar de la excitante experiencia de conocer ocho empleos de chichinabo en tres o cuatro años, y al cabo verse el la calle con la mochila, buscándose la vida bajo la lluvia. Partiendo una y otra vez de cero. Flexibilidad laboral. Rediós. Cuánto eufemismo y cuánta mierda. A ver qué pasa cuando, de tanto flexionarlo, se rompa el tinglado y se vaya todo al carajo, y en vez de currículums lo que ese chico lleve en la mochila sean cócteles molotov.



Nunca me cansaré de decirlo: me encanta este hombre. Su forma de decir las cosas, de decir la Verdad. Y eso que no he leído una sola novela suya... me propongo, no, me exijo leer este verano unas cuantas.

sábado, 22 de mayo de 2010

Frases V

"-Has dibujado los pechos muy arriba, las chicas los tenemos más abajo. Mira, pon en Google "tetas"
-¿Para qué quiero yo buscar tetas en internet?
-Hombre... es lo que hacen los chicos de tu edad"
Ana & Gael

"-Ayúdame a tender la ropa porfa"
-Valep. Oye, ¿qué es esto?
-Es un tanga, y es mío."
Indy&Gael (tendiendo la ropa de Indy)

"-¡No digas la palabra tetas tan alto, que mamá está hablando en la entrada con el vecino!
-¡¡TEEEEETAAAAAAAS!!
Ana&Gael

viernes, 21 de mayo de 2010

Un conjunto de palabras que riman y a las cuales me atreví a llamar "poesía"

¿Cómo puede ser que no hayan pasado ni cinco minutos y esté actualizando de nuevo? Tiempo libre y poco sueño, supongo... y ya que estaba echando una ojeada al Fotolog y he subido un poema, se me ha ocurrido que podía subir este burdo intento que una vez quise llamar "poesía". Por suerte, ahora sé que la poesía es algo más líneas de palabras que riman entre sí o tienen unos patrones de métrica, y ya dejé de intentar escribirla. De todas formas, creo que de los pocos intentos que hice, éste fue el mejor y el que más se acercó (lo cual no quiere decir que sea mucho) a la poesía. Y no me extraña, porque es del 2008, y como digo siempre, los años de mi Fotolog son los que más y mejor escribí, o eso creo.
En fin, aquí la dejo... y a ver si me voy a dormir ya, o antes de que acabe la noche llenaré el blog de actualizaciones chorra xD


Toca otra vez el violín, amigo mío;
Que tu melodía desgarra mi ser.
Lánguidas son sus notas, triste su melodía,

Mas toca otra vez, te pido, con la suave armonía
De las almas que en pena vagan
Las almas que han perdido la vida.

Tu música arranca gemidos de mi interior,
Tus canciones hacen estremecer a mi corazón.
Los sentimientos se derraman como un torrente sin control,
Tiñendo de sombras todo a mi alrededor.

“¡Para!” debería decir, pues es la causa de mi dolor,
Pero cuán morbosos y despreciables somos los humanos,
Que tanto disfrutamos cuando nos hieren
En lo más profundo de nuestro interior.

Clávame otro puñal,
Toca el violín una vez más.
Que tus notas silencien mi agonía,

Pues poco a poco me matas
Al escuchar la triste melodía
De las almas que en pena vagan,
Las almas que han perdido la vida.

Poema de Blas de Otero.

Últimamente me ha dado por actualizar con literatura... y por qué será que cada vez que escribo la etiqueta "literatura", le viene siguiendo la de "muerte". Supongo que eso nos da una pista de mis preferencias literarias, aunque también es verdad que éste es un poema que colgué en su día en mi abandonado Fotolog, y huelga decir que fue mi etapa "especial", tenía otra "prespectiva" de la vida, desde luego.
Se como sea, sigue recorriéndome esa sensación electrificante en la piel cuando leo este poema, así que ahí va:


Arrebatadamente te persigo.
Arrebatadamente, desgarrando
mi soledad mortal, te voy llamando
a golpes de silencio. Ven, te digo

como un muerto furioso. Ven. Conmigo
has de morir. Contigo estoy creando
mi eternidad. (De qué. De quién.) De cuando
arrebatadamente esté contigo.

Y sigo, muerto, en pie. Pero te llamo
a golpes de agonía. Ven. No quieres.
Y sigo, muerto, en pie. Pero te amo

a besos de ansiedad y de agonía.
No quieres. Tú que vives. Tú que hieres
arrebatadamente el ansia mía.




P.D: Perdonad que últimamente no actualice de mi puño y letra, queridos no-lectores, pero estamos en el mes de mayo, también conocido como el mes de las peores pesadillas para los estudiantes... muchos trabajos finales y posteriores exámenes u.u

domingo, 16 de mayo de 2010

Romance del enamorado y la muerte

Un sueño soñaba anoche
soñito del alma mía,
soñaba con mis amores
que en mis brazos los tenía,
vi entrar sombra tan blanca,
muy más que la nieve fría.

-¿Por dónde has entrado, amor?
¿Cómo has entrado, mi vida?
Las puertas están cerradas,
ventanas y celosías.

-No soy el amor, amante,
la Muerte que Dios te envía.

-¡Ay, Muerte tan rigurosa,
déjame vivir un día!

-Un día no puede ser,
una hora tienes de vida.

Muy deprisa se calzaba,
más deprisa se vestía,
ya se va para la calle
donde su amor vivía:

-¡Ábreme la puerta, blanca,
ábreme la puerta, niña!

-¿Cómo te podré yo abrir
si la oscasión no es venida?
Mi padre fue a palacio,
mi madre no está domrida.

-Si no me abres esta noche,
ya no me abrirás, querida:
la Muerte me está buscando,
junto a tí, vida sería.

-Vete bajo la ventana
donde labraba y cosía,
te echaré cordón de seda
para que subas arriba,
y si el cordón no alcanzare,
mis trenzas añadiría.

La fina seda se rompe,
la Muerte que allí venía:

-Vamos, el enamorado,
que la hora es ya cumplida.

Anónimo, siglo XV.

miércoles, 12 de mayo de 2010

La pérdida del paraguas y catástrofes consecutivas

Hay días en los que tengo la sensación de que me está grabando una cámara. En serio, a veces me ocurren tales cosas que pienso que mi suerte la escribe un guionista de alguna serie cómica, de esas en las que el protagonista es un pobre chico torpe y olvidadizo al que le pasa de todo. Me explico:

Todo sucedió esta mañana, de camino a la universidad. Normalmente los miércoles no tengo clase, y a pesar de haber podido quedarme durmiendo en la cama, me he levantado a las siete de la mañana porque había quedado con dos comparñeras, Marina y Elena, para hacer un trabajo de grupo. De modo que me levanté, desayuné, me aseé, cogí cartera, móvil, llaves, mp3 y paraguas y salí de casa para coger el tren.
Hasta aquí todo bien. En el tren estaba tranquilamente escuchando el mp3 mientras hacía un test que formaba parte de la tesis de uno de mis profesores (el de la frase célebre de "Yo soy más heavy que una lluvia de hachas", un gran hombre), sin sospechar para nada que el destino y la desdicha se habían aliado contra mí y esperaban el momento de atacar.
Por fin llego a Pozuelo, donde debía bajarme para coger el bus a la universidad. El caso es que, en algún momento que no recuerdo, debí de sacar el paraguas de la bolsa que llevaba conmigo, porque al salir de la estación llovía, y cuando fui a sacarlo me di cuenta de que no estaba. Me sentó como una patada, porque ya es el segundo paraguas que pierdo en este mes, y éste apenas tenía una semana. Pero lo clasifiqué como un mal menor, sobre todo cuando llegó el autobús que supuestamente me iba a llevar a la universidad. Cuando fui a montar saqué la cartera y vi que el abono transporte no estaba allí, y entonces lo visualicé en el bolsillo derecho del pantalón que me había puesto ayer. Y lo peor no era eso, tampoco llevaba nada de dinero para el autobús, ni para volver en tren a casa. Estaba en Pozuelo y no tenía medios para volver. Bueno, mejor dicho, medios legales. Por suerte para mí, la entrada de la estación de Pozuelo está bien vigilada, pero por alguna razón, la salida está completamente desierta, así que me colé en la estación ante la mirada de una repartidora de periódicos, que afortunadamente no me dijo nada.
Una vez en el tren, llamé a Elena para decirle que iba a llegar más tarde, pero siete segundos después de que descolgara el teléfono, se cortó la comunicación y me llegó el mensaje de "tu saldo total está agotado". En ese momento se me escapó un "mierda" algo subido de tono, pero luego Elena me llamó y le expliqué todo el problema, que tenía que volver a casa, coger el abono, de vuelta al tren y luego el autobús. En total, una hora y media de viaje extra la que me iba a pegar.
Pero eso no es todo, queridos no-lectores, aún queda la guinda del pastel. Resulta que mientras viajaba por la patilla en el tren, vino el revisor de billetes, ese ser sobrenatural que solo aparece cuando alguien viaja sin billete. Me sorprendió ver en él que estaba sonriendo, pues una característica impepinable de los revisores del tren es que nunca sonríen.
Cuando me pidió el mío, entre tartamudeos y muecas de súplica le expliqué mi problema. Le dije que era una persona honrada (literalmente), que cogía a diario ese tren, que era un desastre y un olvidadizo y que me había dejado el abono. Le dije incluso que me esperara en la estación a que yo volviese con el abono para demostrárselo, fijaos si estaba desesperado.
El revisor me miró con una cara muy rara, y seguidamente me pidió que me levantase y le siguiese. No parecía que hubiese nada que hacer, iba a echarme en la parada siguiente. Y cuán fue mi sorpresa, queridos no-lectores, cuando me dice en voz baja que se había enterado ayer de que iba a ser padre, y que a causa de su felicidad, iba a hacer por una vez la vista gorda.
No sé cuántas veces se lo agradecí y le di mi enhorabuena. El caso es que al fin llegué a casa, cogí el dichoso abono, y le expliqué a mi padre toda esta curiosa historia. Y entonces él me dijo: "Esto es más raro que aquella vez en la que me estabas esperando en el puente y vino la policía porque pensaban que te ibas a suicidar y luego te registraron por si llevabas droga". (esa es una historia que será contada en otra entrada, sin duda xD)

En fin, he aquí una mañana cualquiera en la vida de Gael, queridos no-lectores. Creo que por eso me gusta tanto escribir, porque tengo un historial que cualquiera tiene xD

lunes, 10 de mayo de 2010

Sueños

Estaba sentado en la mesa, rodeado de un mar de apuntes sin sentido, tratando de poner algo de orden a aquel caos. El ordenador estaba encendido, y la luz de la pantalla y el zumbido de la torre empezaban a hacer mella, provocándole dolor de cabeza y fatiga. Ya era muy tarde, pero a pesar de que se le cerraban los ojos de sueño, seguía estudiando, por remordimiento de conciencia o por cabezonería.
Con las manos sosteniendo su cabeza y los codos clavados a la mesa, volvió a fijar la vista en las hojas de papel, cuyas líneas se deslizaban y bailaban en su mente, cada vez más desordenadas...

Una voz le sacó de su ensimismamiento. Dio un ligero respingo en la silla, como movido por un resorte. Alguien había pronunciado su nombre. Se dio la vuelta y oteó en la oscuridad, le costaba mucho ver, puesto que la única luz era la de su lámpara, pero después de unos segundos le vio. Una figura en el pasillo, apenas una silueta negra en la cual se dibujaban algunas facciones gracias a la luz. La sombra avanzó y cobró nitidez, un chico delgado y rubio. Al reconocerlo, el chico que estaba estudiando saltó de la silla. Era él... la única persona a la que quería ver, y a quien más necesitaba.
Cruzó la habitación de una zancada y lo estrechó en sus brazos, besándole en la frente, la mejilla, la boca.

-Cómo necesitaba verte -dijo.
-Es muy tarde, ¿no crees? -respondió el otro chico- deberías irte a la cama.
Ambos se acostaron sobre el colchón, sin quitar siquiera la colcha.
-Debo de estarlo ya, esto es un sueño... -una sonrisa gatuna cruzó en rostro del chico rubio- ¿verdad?

De repente sintió un cosquilleo en la mejilla, muy cerca de la nariz. Se movió un poco, pero segundos después las cosquillas volvieron, acompañados de un suave ronroneo. Abrió los ojos y vio al gato, que se había subido a la cama en busca de mimos. Se incorporó, buscando con la mirada al chico rubio, pero no había nadie más en la habitación. Debió de ser un sueño.
Se preguntó entonces cuándo se acostó en la cama, y fue hacia la mesa para ordenar los apuntes antes de volverse a acostar. Pero en la mesa no había nada. los apuntes estaban ya guardados en la mochila.

"No recuerdo haberlos guardado" dijo para sus adentros "¿Habrá sido también un sueño...? Bueno, más bien una pesadilla..."

De nuevo una voz volvió a llamar su atención. Con gran sorpresa vio de nuevo al chico rubio en el marco de la puerta, y de nuevo, sin pararse a pensar, echó sus brazos a él, le besó, y ambos se metieron en la cama.

-No entiendo nada, ¿sabes?, ya no sé cuándo estoy despierto ni cuándo soñando.
-Qué más da -respondió el chico rubio- mientras estemos juntos.

De nuevo se besaron, y despiertos o en sueños, pasaron el resto de la noche juntos.